sábado, 13 de abril de 2013

Jóvenes actuales I



La participación de los jóvenes, un aprendizaje.
La participación exige que los jóvenes adquieran unas competencias o consoliden las que tienen. Ello supone un proceso gradual de aprendizaje. La primera etapa, desarrollada generalmente en el propio entorno (escuela, barrio, población, centro juvenil, asociación, etc.) es de una importancia capital. Permite adquirir la confianza en uno mismo y la experiencia necesarias para pasar a las etapas siguientes. Además, es en la vida local donde la participación permite que se produzcan cambios concretos, visibles y controlables por los jóvenes.
En una segunda etapa, los jóvenes toman conciencia de que toda una serie de decisiones que afectan al ámbito local se adoptan en niveles de decisión más globales, en particular en el nivel del propio pais. A este respecto, aunque la escuela es un lugar privilegiado para el aprendizaje y para las prácticas participativas, aún presenta, a los ojos de los jóvenes, el inconveniente de que no les tome en consideración como ciudadanos activos.
En efecto, la ciudadanía activa se aprende sobre el terreno, donde los jóvenes pueden juzgar en concreto los resultados de su compromiso personal. Los jóvenes, con la participación en la vida de la escuela, del barrio, del municipio o de una asociación, adquieren la experiencia y la confianza necesarias para implicarse en mayor medida, ahora o más tarde, en la vida pública, incluido a escala europea, mundial. Los jóvenes contribuyen a una sociedad más solidaria y asumen plenamente su ciudadanía comprometiéndose en actividades sociales abiertas a todos, sin ningún tipo de discriminación.
La participación de los jóvenes, un aprendizaje
La participación exige que los jóvenes adquieran unas competencias o consoliden las que tienen. Ello supone un proceso gradual de aprendizaje. La primera etapa, desarrollada generalmente en el propio entorno (escuela, barrio, población, centro juvenil, asociación, etc.) es de una importancia capital. Permite adquirir la confianza en uno mismo y la experiencia necesarias para pasar a las etapas siguientes. Además, es en la vida local donde la participación permite que se produzcan cambios concretos, visibles y controlables por los jóvenes.
En una segunda etapa, los jóvenes toman conciencia de que toda una serie de decisiones que afectan al ámbito local se adoptan en niveles de decisión más globales, en particular en el nivel del propio pais. A este respecto, aunque la escuela es un lugar privilegiado para el aprendizaje y para las prácticas participativas, aún presenta, a los ojos de los jóvenes, el inconveniente de que no les tome en consideración como ciudadanos activos.
En efecto, la ciudadanía activa se aprende sobre el terreno, donde los jóvenes pueden juzgar en concreto los resultados de su compromiso personal. Los jóvenes, con la participación en la vida de la escuela, del barrio, del municipio o de una asociación, adquieren la experiencia y la confianza necesarias para implicarse en mayor medida, ahora o más tarde, en la vida pública, incluido a escala europea, mundial. Los jóvenes contribuyen a una sociedad más solidaria y asumen plenamente su ciudadanía comprometiéndose en actividades sociales abiertas a todos, sin ningún tipo de discriminación.
Desarrollar la autonomía de los jóvenes
La autonomía es una de las principales reivindicaciones de los jóvenes. Esta autonomía se basa en los medios que se les conceden, y en especial los medios materiales. A este respecto, es de capital importancia la cuestión de los ingresos. La juventud se ve afectada por las
políticas de empleo, protección social y ayuda a la inserción, así como por las políticas de vivienda y transporte. Estas políticas son necesarias para permitir que los jóvenes consigan más rápidamente la autonomía, y deberían desarrollarse teniendo en cuenta sus puntos de vista y sus intereses, así como aprovechando los logros y las experiencias propias de las políticas de la juventud. Los jóvenes quieren ser una parte activa de la sociedad y se sienten afectados por las políticas relacionadas con las diferentes facetas de sus condiciones de vida.
Mayores dificultades de acceso a la vivienda, debido a la espectacular alza del precio de éstas y a la escasa oferta del mercado de alquiler es uno de los problemas fundamentales.
La baja calidad del empleo entre los jóvenes, donde cabe hablar, en términos generales, de temporalidad y baja remuneración, es otro de los problemas a los que debemos enfrentarnos. Desarrollar un mercado de trabajo favorable a la inclusión de los jóvenes, garantizar unos recursos e ingresos adecuados para éstos, luchar contra las desigualdades ante la educación, favorecer el acceso a servicios de calidad (vivienda, salud, cultura, derecho y justicia) y regenerar las zonas que sufren desventajas múltiples, son algunas de las soluciones más inmediatas para paliar el problema.

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